3.20.2010

Nadie escribe sino escribe
Pero la escritura es y las palabras son y las letras dicen y la voz nombra
¿Y si no hay una voz que pueda nombrar?
¿Y si la garganta se cierra y no deja salir?
Las palabras se nombran a ellas, fuera de las formas que nombran. Ellas tienen música. Una música que dibuja colores y formas; paisajes únicos y solitarios dentro de la mente. Tienen un lugar en ese mundo privado que es la mente; con luces y sombras como afuera.
"
La creatividad" asi como las semillas prenden y crecen más fuertes y sanas en la libertad de la naturaleza. Bajo el clima que dicen hostil y crudo pero ese medio "inhumano", hace que las cosas vivan. ¿Y de qué forma vivimos?
¿Y qué palabras cultivamos en el encierro y la artificialidad de la costumbre?
¿Qué cosas podemos nombrar con palabras que ya no suenan a nada?
Hoy el lenguaje es un sonido hueco que resuena en los tímpanos, como un eco sordo y antiguo, que nos recuerda a algo que parece no existir que existió y está en la memoria.
Nosotros nombramos la muerte en cada letra, ella impregna nuestro lenguaje.
La muerte en cada sonido; una canción triste un lamento obsceno.
Y los sonidos frescos y vitales del mundo presente son desdeñados y repudiados.
Nuestro mundo, nuestras palabras, son un gran cementerio, un fúnebre melodía llena de melancolía. El ser humano cultiva la muerte y el sufrimiento como su alimento hasta en las palabras, que brillan hoy como dulces envases vacios.

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