¿Me avisás cuando escuches unas vocecitas? También una voz desconocida. Así estamos listos para entregarnos.
Temblar de ansiedad.
Estamos en una cajita a oscuras. Acurrucados, hablando. Preguntándonos dónde estamos. No podemos salir. No nos vemos, sólo imaginamos la silueta del otro y en esa silueta, una voz. La voz escribe de esta situación. De un conductor atento y preparado para abrir la cajita cuando sea necesario.
Listos para buscar en las cajitas voces que nos hablen de la libertad.
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