Y del tiempo, el tiempo que pasa, que pasó. Que lo recordamos.
De la sombra del tiempo te hablo, del olvido, del fuego; cuando arde, tiembla la carne. El tiempo tiembla y, entre el tiempo y el temblar, nos hablamos. El tiempo pasa, el fuego quema –decís. Nos decimos que queme, que nos lleve. Estamos yendo. Estamos, viajando, sentados, inmóviles, soñando, vagando sobre los rieles de un tren que va y viene. Detrás de una ventana, a fuera viendo el tren que se aleja y que nos lleva.
Nos encierra y nos muestra lo que está más allá, como ver a lo lejos (¿te acordás?). Nos lleva lejos el tiempo, nuestros lugares. Estamos viendo. Viéndonos. Viendo el tren pasar, abordar el tren y dejándonos llevar. Y las imágenes vienen, traen olores, formas, materia libre que se transforma. Mientras nuestros cuerpos quedan ahí, y las imágenes siguen saliendo de las sombras de la memoria. Hace un día de sol que dan ganas de soñarlo. ¿No te parece?
Hace muchos días de sol que dan ganas de soñar. Cuando el sol no está, está. Intento –tal vez intentamos– tocar esas imágenes. Que nos toquen, que queden ahí palpitando, golpeándonos un poco. ¡Que nos despierten! También que nos dejen dormir. Imaginanos inmóviles, sin mover los dedos, ni los ojos y buscando. Buscando, con los ojos inmóviles sin ver, mirando.
Lugares, sueños, historias, ríos que nos llevan y nos devuelven lejos. Corrientes, incendios, noches, cielos, algo encontrado algo perdido algo de nuevo encontrado y vuelto a perder; el horizonte que nunca es el mismo. Hay que buscar mirando, mira y no veas busca y no dejes que la soledad de buscarte te atrape dentro del miedo del olvido.
Ay, los miedos, esos que dijimos hace un tiempo que no nos frenaran. Qué difícil. Pienso en que no nos atrapen, en eso que decías antes. Espero perderme en lo que encontramos.
El río a veces me lleva, ¿venís? Te invito a dar una vuelta por el río.
Voy a donde estés…Si tus pies me bailan, me dan un paso para seguirte, un grabado de tus pasos. Voy, y te acompaño y te cuento a donde vamos, mientras nos decimos a quien vemos, con los ojos cerrados. Siempre que nuestros ojos se encuentren habrá una puerta para abrir, que esconda un río, un patio, una mañana, una noche; un cielo que dibuje caminos sin tiempo.
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