Y tal vez cuando sentís que el mundo te miente, entonces me mentís. Te mentís y te siento.
No midas las palabras, no estés harto. No te midas por lo que creés que dicen, tal vez ellos son parte del mundo ese que te miente.
No te mienten, no les creés.
Probablemente desde donde estoy no puedo decir que no te hartes. Me siento entonces casi sin palabras, me siento débil sin saber qué hacer. Siento cómo nuestras dudas o dolores rozan con el otro; son nuestros, los dolores. Los inventamos y nos los creemos. Mejor creer en nosotros. El cuerpo exige que no los midamos, que no los exijamos. Exige eso. Estamos cerca –como decís– pero a veces te pierdo. Hablás de un hasta; prefiero, ahora.
Ahora estamos acá. Sentados en el tren riéndonos, hablándonos en idiomas inventados.
Al final es todo un invento y, por suerte, a eso nos dedicamos.
En el lugar y la forma que sea, de a poco y con algunos dolores, te espero acá.
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