7.03.2010

Para ir a algún lado necesito estas charlas. Necesito, me gustan, tus palabras. No duermo a la noche, no me sorprende, pero me inquieta –me alborota. Esta noche no escucho tus nervios en los dientes. Sólo escucho cómo caminamos en silencio. Escucho a una gaviota –Juan Salvador Gaviota– que vuela entre nuestras manos. Y antes las palabras, las tuyas, me decían cuán cerca estabas, cuánto te quería y cuánto me alejaba. Yo decía cosas que no creía, que surgían. Tal vez queriendo llegar a ningún lado. Pero estas mentiras fueron tan reales y tan dolientes que ahora siento los ojos cansados de llorar en silencio.
Dormís y me acerco para sentirte, para unirme a tus sueños hoy. Llega el tren, se aleja el tren y de nuevo estás acostado, agotado. Cuando decido que es tarde, que necesito dormir, sueño que sueño; tal vez con vos, con esta noche o esta madrugada.
Con tu cuerpo, con tu voz, con vos.
Respiro y duermo.
La noche se acerca, llegás para vernos. Pasan las horas y te miro. Me alegra saber que estás, que estás cerca. La mañana nos recibe y nosotros a ella.
La música.
Entre la noche y la mañana hay dudas, muchas dudas; pero a algunas las dejo ir con Juan –Gaviota.
El tren nos lleva al centro y nos despide con un beso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario