Un tren un mensaje un encuentro. Yo cubierto de un velo que me asfixia y tu voz me tranquiliza me da un espacio donde respirar, reír, ser yo mismo aunque la angustia cubra mis palabras y mi cara. Sin palabras con que decirte lo que siento caminamos, miramos la calle repleta y nos miramos, las bidrieras de colores y dioses antiguos del barrio chino. No puedo, que me pasa no entiendo. Estoy mal y no se que decirte. Te cuento que no entiendo. Mi madre se muere. Mi hermana me llama me habla y me cuenta que ella está peor. Que se muere; ella también tiene miedo. No tengo palabras para este sentimiento. Estoy desolado por dentro arrancado de mi mundo junto a vos y traído al sitio menos querido. El tren va y viene, es un péndulo que despierta un hipnotismo singular callado y melancólico. Caminamos, un café, caminamos, frío. El tren llega esperamos aparece a lo lejos se hacerca golpeara el aire y lo sentimos, un empujón. Como si el propio aire estuviese hecho de nosotros. Los pasos en silencio. Te vas con el tren. Tigre te espera. Camino lento sin hacer ruido intentando creyendo. Un cigarrillo que quiere ser el último; siempre es el ultimo o casi siempre.
Otro día. Nos vamos haciendo de él, entre nuestras cosas y nuestros pensamientos, nos cruzamos en la mente del otro, como oleadas reminicentes de un pasado y un presente que parece antiguo. Antiguo por la profundidad de las cosas como formadas por miles de recuerdos que son ahora uno y todos.
Quiero verte, siempre quiero verte. Los primeros síntomas. Quien sabe donde teminemos.
A quien le importa. Es solo un juego de palabras que duele igual que cuando la carne se desgarra.
El sol entra en nuestros ojos y caminamos ligeros por Cazon. Casi medio día, el aire es calmo y bueno. El frío solo aparece dentro de la sombra. Buscamos un número teléfono, hago un llamado revisamos el correo y vamos a emprender una búsqueda que parece una pequeña aventura. Estaba tan lejos en ese momento. Me gustaría estar cerca y tocarte. Pero no, estoy lejos y no puedo volver. Tu cara me dice que estas preocupada. Tengo miedo por vos, porque te pongas mal por mi y tengo miedo por mi; porque alguna vez no pueda vivir sin vos.
La tarde es difusa entre la luz y la gente. Tigre reaparece como una ciudad invadida por un ejercito de gente alegre. Y esperamos el 21. Esta vez somos parte del dibujo. Hace casi un año a tras el 17 de agosto dibujamos ese puente esa esquina y nos dibujamos esperando ese colectivo casi caída la tarde. Nos dibujamos entre los trazos involuntarios sin saber o un poco sabiendo que vos me despedías con un beso y yo me iba ya extrañándote.
Me voy y mientras el colectivo se completa hasta retorcerce como un gusano lleno. pienso. Pienso que todo lo que me gusta y me da placer empieza a darme culpa. No puedo pintar no puedo fumar no puedo estar con vos en paz, no puedo disfrutar de nada sin que me de culpa o dolor. Todo lo que me da placer se convierte en la posibilidad de la muerte, la muerte a través de la culpa. Y soy tan estúpido que no puedo salir y doy vueltas en ese círculo olvidado de donde nunca salgo para ver el sol. ¿Un samba de miedo? Si, un samba y una vuelta al mundo de miedo.
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