8.21.2010

A la noche, la que estabas acá, te extrañaba. Hacía mil cosas para que te despertaras (un tanto egoísta), pero otras cosas hacían que durmieras y que, igualmente, estuvieras junto a mí. También entendía, estos días, de qué se trataba. No podríamos estar siempre allá arriba saltando de alegría; a veces otras cosas (como las anteriores) nos alejan y nos acercan tanto. Digo, cosas que no nos hacen muy bien pero que nos acercan, para entendernos. Conocernos.
Y te decía, que pensaba lo lindo que era despertarme con vos y empezar así el día. Es como si el día empezara en cámara lenta, aprovechando cada minuto. Y de a poco el día acelerara despertándonos uno al otro. Así… y así. Después el agua caliente y un compartir mirándonos. Contándonos palabras que sabemos, pero que queremos decir.
En cada despedida me acerco más y te conozco más. Me despertás. Y te quiero más.
Los minutos siguen andando en el día y nos acompañan en nuestro caminar (bailando). Llegamos a Tigre, por ejemplo, con los minutos y en cada uno de esos minutos te quiero contar mil cosas, como las que hacía para que te despertaras. Llegamos a Once y a Castelar y a Palermo y a La Boca y al pleno Centro. Siento que cada lugar nos los apropiamos y los hacemos nuestros, porque un poco de eso se trata. Por detrás escucho al tren pasar, mientras viajamos en colectivo y desde el tren, andamos en bicicleta. A la noche, escuchamos el motor de una lancha y viajamos. Queremos cruzar del otro lado del río. Me gusta el río, mucho. Te extraño, mucho. Un día me gustaría que viajáramos por el río.

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